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El papel de la mujer en la economía siempre ha sido determinante. Pero casi nunca reconocido. En la era digital parece que empiezan a cambiar las cosas, aunque de una manera muy lenta. En comparación a la velocidad a la que se producen los cambios en el contexto digital, la incorporación, el reconocimiento y la puesta en valor de las mujeres sigue siendo aún demasiado lenta.

La pasada semana se hizo público el Informe presentado por la Dirección General de Redes de Comunicación, Contenido y Tecnologías de la Comisión Europea titulado Women Digital Scoreboard 2018. Con carácter anual el estudio mide a los estados miembros de la UE en función de una serie de indicadores -13 en total- que evalúan su área digital en su vertiente de género.

El objetivo es visualizar la participación de las mujeres en la economía digital. En este sentido, se evalúa la función y el posicionamiento de los países de la Unión Europea en entornos como el uso de Internet, las competencias de los usuarios de Internet, las competencias especializadas (TIC) y la calidad del empleo en el sector tecnológico y las diferencias salariales.

Este Informe que, como digo, se publicó anualmente pretende dar información sobre el grado de inclusión de las mujeres en el área y sector digital, así como el nivel de cultura digital y conocimientos en el área de las nuevas tecnologías.

La brecha sigue siendo grande

Podemos decirlo más alto y más veces, pero no más claro.  La brecha de género sigue siendo grande, también en la era digital. Existen, según se desprende de este Informe, diferencias de género sustanciales en los 13 indicadores a nivel global de la UE, aunque hay algunos países que se salvan. España, aunque no es uno de ellos, al menos sí se puede decir que trabaja en la dirección correcta.

Mujeres en digital. Poco a poco se gana terreno Clic para tuitear

La separación entre géneros es mayor aún en el ámbito de las competencias especializadas en TIC y en la calidad del empleo en este entorno. Pero, además, la diferencia en la participación digital entre mujeres y hombres dentro de la franja de edad más joven -de 16 a 24 años- es menor en términos relativos -55% de mujeres frente al 60% de hombres-. Llama la atención que, según los datos publicados en el Informe, esta distribución empieza a invertirse en algunos países, superando las mujeres en porcentaje a los hombres en esta categoría.

La publicación de este primer estudio me deja espacio para la esperanza, aunque soy consciente de que aún queda mucho camino por recorrer. Digo que me hace ser optimista porque España ocupa el 9º puesto en la clasificación por encima de la media europea. Luego, parece que en nuestro país estamos empezando a tomarnos en serio eso de la igualdad, la inclusión y la eliminación de barreras de género.

Eso me hace sentir orgullosa y a la vez me obliga a reconocer el trabajo que se está haciendo “a pie de calle”. Me refiero, no solo a nivel institucional, sino, en el seno de todas las organizaciones, grandes, pequeñas y medianas, que están poniendo el foco en el talento, con independencia del género. En el entorno de las pymes donde, además, implementar cualquier medida de conciliación, inclusión, diversidad o, flexibilidad, supone un esfuerzo extra, los avances están siendo significativos.

Desde la selección a través de CVs “ciegos”, jornadas de trabajo adaptadas, horarios flexibles y opciones de conciliación, hasta programas de impulso a la dirección femenina de proyectos, áreas o departamentos, gestión de liderazgo femenino o mayor representación de mujeres en los puestos directivos o los Consejos de Dirección, todas las acciones suman y apuntan a la dirección correcta.

Formación desde la infancia

Puedo repetir esto hasta resultar muy, pero que muy pesada. Una de las claves para favorecer la inclusión femenina en el entorno laboral, más aún, en escenarios en los que la tecnología juega un papel determinante, es la formación. Y, me refiero a la formación primaria. A las pautas y los mensajes que se envían desde la Escuela. Desde luego creo que estamos acabando de desechar viejos estereotipos como aquellos del azul para los niños y el rosa para las niñas o los coches para ellos, las muñecas para ellas.

Sin embargo, según un estudio publicado recientemente por la Fundación PwC las chicas de entre 14 y 25 años podrían seguir hoy estando en una situación de desigualdad potencial de cara al futuro debido a la elección de sus itinerarios formativos. Unos itinerarios que, como apunta el Informe, reflejan las preferencias femeninas por profesiones vinculadas a la asistencia y la salud, mientras que los hombres optan más itinerarios más orientados a las profesiones más técnicas.

Esto hace que, de cara al futuro, la participación de la mujer en sectores tecnológicos que se han posicionado como estratégicos en los próximos años, sea realmente minoritaria. Esto, unido a las dificultados habituales en la incorporación de las mujeres al ámbito laboral -salarios más bajos, mayor temporalidad, escasa paridad en puestos de dirección, etc- pone énfasis en la necesidad de consolidar la educación y el cambio de orientación desde la formación más básica.

 

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