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La innovación es un factor estratégico para el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas. A través de tecnología innovadora, de procesos innovadores o de ideas innovadoras es posible impulsar el cambio para mejorar la propuesta de valor y la competitividad de las pymes. La innovación, por tanto, debe estar en el ADN de cualquier organización.

Sí. El post de hoy va de innovación. ¿Por qué hablamos tanto últimamente de innovación? Y, más aún, ¿por qué vinculamos la innovación al entorno de la pyme? ¿Por qué para hablar de evolución, de crecimiento o de mejora, ya no nos centramos tanto en la tecnología, sino más bien, en otros aspectos como la innovación, la creatividad, la formación o el talento? O, ¿por qué a todos estos elementos, les añadimos el adjetivo innovador?

Uff!!! Muchas preguntas para las que encontrar respuestas concretas no es tan sencillo. Para mí, innovar es buscar la forma de abordar el trabajo de una manera diferente, bajo prismas o modelos distintos a los habituales. Si, además, conseguimos hacerlo de un modo completamente nuevo, es decir, exclusivo, un formato que nadie ha utilizado antes, seremos los primeros. Es decir, estaremos innovando.

Innovar es necesario. Y, muchas veces, las pymes resultan ser más innovadoras de lo que parecen, incluso, de lo que sus propios responsables creen. La evolución o el desarrollo de tecnologías emergentes, así como la eclosión de un nuevo modelo de mercado con clientes más exigentes, nuevas pautas de comportamiento basadas en una comunicación más transparente, más fluida -es decir, bidireccional-, la demanda de respuestas inmediatas, nuevos canales de comercialización o, la entrada al “terreno de juego” de nuevos competidores ha “sacudido” los cimientos de un mercado, que se mueve -dicho sea de paso- en un modelo de cambio constante.

La última disrupción la está provocando la transformación digital, pero, desde la industrial, hemos asistido, regularmente, a otro tipo de revoluciones que han impactado sobre la economía mundial. O, ¿acaso no te acuerdas de lo impactante que fue la llegada de la informática? Si rondas los 40, te acordarás cuando, en lugar de escribir con ordenador, lo hacías con la Olivetti convencional. O, más aún, ¿no crees que Internet revolucionó realmente el mundo de los negocios? No sé si más, menos o igual que la digitalización, pero Internet, supuso una ruptura con todo lo anterior. Los teléfonos móviles, la Nube, …

Diferentes escenarios para la innovación

Si te das cuenta, recién clausurada Alimentaria 2018, lo que queda del Salón de la Gastronomía por excelencia son todos los avances innovadores que se han presentado en esta nueva edición. Vino para untar, jamón serrano en polvo o bocadillos de calamares con mahonesa incorporada son -lo mires por donde lo mires- propuestas no solo innovadoras, sino, absolutamente rompedoras.

Pero, este no es un blog sobre alta cocina, sino sobre tecnología y pymes. Si aplicamos la innovación a su entorno, no nos queda más remedio que hablar de IoT, Robótica, Realidad Aumentada, Analítica de Datos, Blockchain, Inteligencia Artificial, etc., etc., etc. Las pymes han cambiado y han buscado la innovación, incluso en sus procesos, para responder a las exigencias que impone el nuevo consumidor. La tecnología ha sido uno de los vehículos que las pequeñas y medianas empresas han utilizado para transformar sus modelos de negocio e implementar estrategias innovadoras que les permitieran ser mucho más competitivas.

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Ayer estuve en Smart Innovation, el espacio B2B para directivos que organiza, por tercer año consecutivo, DIR&GE y que en esta ocasión también ha patrocinado Datisa. Durante la jornada se analizaron los desafíos que presenta para las empresas el entorno cambiante del que hablaba, en materia de innovación. Y, con lo que me quedo de esta jornada es con la idea de que la innovación es el pilar fundamental de la competitividad y de la rentabilidad de cualquier organización. Y que la innovación se debe incorporar -si no existe aún- a la cultura y a la propia identidad de la empresa, sea cual sea su tamaño, sector o actividad.

¿Cómo se plantean los procesos de innovación?

Y, como decía Francisco Umbral,  “yo he venido a hablar de mi libro”, así que diré que los procesos de innovación también pueden impulsarse a través de soluciones ERP. Como ya hemos dicho, innovar -sí o sí- es cambiar. Para hacerlo, primero debemos entender qué es lo que debemos cambiar. Un sistema ERP proporciona el marco de referencia para poder diagnosticar el estado real y actual de la organización y, por lo tanto, entender qué se debe/puede cambiar y qué no.

Una vez determinado lo que hay que cambiar, la cuestión estriba en cuál es la alternativa más recomendable para introducir el cambio. Y, en este punto, el ERP también proporciona una ayuda inestimable. Los cambios, desde luego, deberán ser impulsados por la dirección, o los responsables de una determinada área. Ahora bien, estos deberán disponer de manera sencilla, rápida y segura, de toda la información necesaria para tomar la decisión adecuada. Y, cuando hablo de la información necesaria, también incluyo, la posibilidad de introducir la analítica de esa información para contribuir a una toma de decisiones inteligente. Es decir, qué solución, herramienta o tecnología es la más adecuada para sustituir a lo anterior.

Finalmente, creo que la flexibilidad que proporciona el ERP -determinados ERP- facilita el tránsito para incorporar las mejoras y los cambios. Luego, un ERP puede ser en sí mismo innovador, pero, además, puede acompañar a la empresa a introducir nuevos procesos igualmente innovadores. Para eso se deberá utilizar sistemas de gestión empresarial que no pongan reticencias a los cambios, es decir, que sean modulares y que permitan el crecimiento o decrecimiento en función de las necesidades presentes y futuras de la organización y, por supuesto, las mejoras o actualizaciones continuas para adaptarse a los continuos cambios del mercado.

En todo caso, para ser honestos, creo que el ERP es un buen marco de referencia para impulsar la innovación. Ahora bien, hay que implantarlo, utilizarlo y extraerle el máximo partido a su explotación. Y, a partir de aquí, una vez que el sistema facilite la adaptación a los cambios de los que hablamos y, con ello, a los nuevos procesos de negocio que implante la empresa, es cuando podremos hablar del verdadero retorno de la inversión.

 

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